martes, 4 de febrero de 2014

La Fiesta del Árbol (III)



            La importancia que durante un buen periodo de tiempo se dio a la organización y celebración de esta fiesta queda bien demostrada, además de lo reseñado en los posts anteriores, en el contenido del presente post. En él se hace un resúmen de las numerosas disposiciones de carácter nacional que los diferentes gobiernos llegaron a promulgar regulando esta celebración.

             La Fiesta del Árbol como tal fue instaurada en nuestro país de forma oficial a través de un Real Decreto fechado un 11 de marzo de 1904. En su primer articulado se decía que además de los fines educadores, también se perseguía "...la siembra o plantación de árboles en un trozo de monte público o en un lugar adecuado de sus cercanías, la formación de alamedas o plantaciones lineales a lo largo de los caminos y los cursos de agua...". Las autoridades, corporaciones o particulares que desearan organizarla deberían organizarse en juntas locales. En las mismas debían participar también ingenieros de montes de los distritos forestales, el alcalde, el médico y hasta "...el cura párroco, el Maestro de escuela de mayor categoría y el primer contribuyente". Los responsables de los distritos forestales debían facilitar esa organización aconsejando a las juntas locales la ubicación más adecuada y las especies a plantar más aparentes. A su vez, estos mismos hombres debían de intentar garantizar la disponibilidad de plantas suficientes con la puesta en marcha de nuevos viveros o la potenciación de los ya existentes.

Portada de otro de los libros publicados
sobre el tema a principios del Siglo XX.
Foto: Archivo Cartagra

          Como forma de espolear la actividad de esas juntas vecinales, aquella disposición contempló que por cada 500 pies de especies arbóreas plantadas en el marco de esta fiesta que salieran adelante, los precursores de la fiesta serían premiados. Si las plantas empleadas hubieran sido obtenidas gratuitamente, la gratificación sería de 50 Pts para la junta. Si las plantas o semillas empleadas hubieran sido pagas con recursos propios el premio ascendería a las 75 Pts. Con ese dinero se debían cubrir los gastos originados en la organización así como para premiar "...a los niños que más se hubieran distinguido por su amor al arbolado". Pero aquél capítulo de premios también contempló la posibilidad de distinguir tanto a los Alcaldes, Curas, Maestros, Asociaciones de Amigos de la Fiesta del Árbol y particulares, que más se distinguieran en la organización de esta fiesta. Hasta la fecha no se conseguido localizar ninguno de esos listados ni se ha podido averiguar cual era el porcentaje de los árboles plantados que conseguían arraigar.


            El transcurso del tiempo se encargó de demostrar a los gobernantes del momento cual fue la cruda realidad al respecto. La acogida no fue la esperada pues debieron ser minoría los pueblos en los que se organizaba y celebraba esta fiesta. Además, en los pocos lugares donde se organizaba tampoco se conseguían cubrir los propósitos como consecuencia, principalmente, de la falta de recursos. Para intentar menguar en la medida de lo posible aquella situación se llegó a promulgar en diciembre de 1912 hasta una real orden donde se reguló la concesión de subvenciones para este fin. 

Dibujo alegórico sobre la Fiesta del Árbol
realizado por el artista oscense Ramón Acín
            Tras el transcurso de pocos años más, se constató nuevamente el escaso interés que esta fiesta despertaba en la mayoría de la sociedad española. Esto sucedía así aun a pesar de que tanto políticos como pensadores del momento realizaron importantes esfuerzos en la necesidad y divulgación de los propósitos antes descrito. El propio Joaquín Costa publicó en 1912 su libro El Arbolado y la Patria al cual me referí más extensamente en un post anterior. A la vista de que la situación sobre este particular no avanzaba, y a propuesta del Ministro de la Gobernación del momento, José Sánchez Guerra, el Rey Alfonso XII firmó un 5 de enero de 1915 un decreto nuevo sobre el asunto. En su primer artículo dispuso como obligatoria la celebración de esta fiesta en cada término municipal. La fecha debería ser fijada por el propio ayuntamiento quien a su vez debía decidir también qué funcionarios, asociaciones o entidades deberían ser invitadas a dicha fiesta. Esta norma también obligaba a todas las corporaciones a contemplar en sus presupuestos anuales una cantidad determinada para cubrir los gastos que su organización acarreara. Los secretarios de cada ayuntamiento estaban también obligados a enviar al gobernador una completa memoria por duplicado recogiendo todo cuanto fuera menester con motivo de esta fiesta. Los gobernadores a su vez debían de remitir todas la memorias recibidas a la Dirección General de Agricultura.

            A finales de abril de 1924 otra real orden fijó una nueva obligación para los ayuntamientos españoles: "Su Majestad el Rey (q.d.g.) se ha servido disponer que por los Ministerios de la Gobernación y Fomento se dicten las oportunas instrucciones para que todos los Ayuntamientos de España procedan, sin excepción, a la plantación mínima anual de 100 árboles... siendo al propio tiempo la voluntad de S. M. se excite el celo de los delegados gubernativos para que presten la atención que por su interés e importancia requiere el cumplimiento de este servicio". 

Capítulo dedicado a las advertencias que debían seguir
durante la celebración de esta fiesta. Foto: Cartagra

            Aunque no llegó a quedar publicado en la Gaceta de Madrid, también se tiene constancia de la redacción de una serie de advertencias que debían de tenerse en cuenta a la hora de organizar y celebrar la Fiesta del Árbol. Llama la atención el contenido de alguna de ellas como por ejemplo la segunda que recoge lo siguiente: "El lugar de la plantación estará adornado, en el día de la Fiesta, con gallardetes, follaje, banderas, etc., para dar mayor animación y colorido al cuadro e impresionar la imaginación de los niños". O la quinta: "Habrá pocos discursos y estos serán breves, pudiéndose substituir por hojas impresas con máximas forestales". Estas recomendaciones también señalaban que al finalizar el acto, todos los niños debían cantar a viva voz el himno oficial de la fiesta. Y hasta el Himno del Árbol cuya letra fue escrita por Manuel Banzo y la música por Daniel Montorio:
Cavemos hondo todos a una, 
los hoyos cuna tienen que ser... 
Cavemos hondo la raíz en la tierra, 
sólo se encierra por renacer... 
Árbol hermano finca tu planta, 
la tierra es santa madre del amor... 
Y abre a los cielos tu verde manto, 
rece en ti el canto del ruiseñor... 
Somos los dos chicos,
 primavera empieza... 
voy en tu corteza mi vida a escribir. 
Y cuando a la muerte, 
tembloroso aguarde, 
me vendré a morir... 
Junto a ti una tarde

Vista parcial de la partitura con el Himno del Árbol que incluye uno de los libros consultados.
 Foto: Archivo Cartagra
        En el próximo post continuaré hablando de la Fiesta del Árbol aunque será desde una perspectiva bastante más local. Tras haber realizado un repaso por las principales disposiciones que regularon a nivel nacional esta cuestión, en la próxima entrega podremos comprobar qué fue lo que se hizo o se dejó de hacer en la práctica a lo largo y ancho de nuestra provincia.






Fuentes y Bibliografía:

- La Fiesta del Árbol; edicción facsímil de la Fundación Joaquín Costa y el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Huesca, 1997.

- La Fiesta del Árbol; Ezequiel Solana. Editorial Magisterio Español, Madrid, 1927.



 

domingo, 2 de febrero de 2014

La Fiesta del Árbol (II)

          
            Hasta ahora he hablado del papel jugado al respecto por el político regeneracionista aragonés y sus esfuerzos por conseguir asentar esta fiesta en la sociedad española. Pero para ser justos con la historia, aún hay otro nombre propio que, llegados a este punto, tampoco debe ser obviado. Fue un ingeniero de montes llamado Rafael Puig y Valls y ostenta el honor de ser el otro gran impulsor de la Fiesta del Árbol en nuestro país. Nació en Tarragona un 31 de mayo de 1845 y murió en esta misma ciudad en enero de 1920.


Retrato de Rafael Puig y Valls
Foto: Archivo Cartagra
            Parece ser que durante la primera mitad del siglo XIX esta fiesta decayó algo aunque a continuación, a finales de ese mismo siglo, consiguió recuperar adeptos. En las causas de aquél resurgimiento tuvo mucho que ver el hombre que ahora nos ocupa. Fruto de su inquietud y de su interés por fomentar el respeto al arbolado, fue quien estuvo detrás de la creación en nuestro país de la primera Asociación de los Amigos de la Fiesta del Árbol. La creó hacia 1900 con la ayuda de Ricardo Codorniú, otro eminente ingeniero de montes que también destacó muchísimo en esa faceta sensibilizadora. De Puig y Valls son las siguientes palabras: "No hay agricultura posible sin montes, ni montes sin el amor de los pueblos al arbolado. Por esto, quien sepa inspirar a las generaciones del porvenir el amor al árbol, habrá hecho a España un beneficio incalculable... el árbol en el campo es un manantial de riqueza y en la montaña una imprescindible necesidad". 


            Su convencimiento al respecto le llevó incluso a propagar esta idea en la vecina Francia donde también tuvo una gran aceptación. Pero las consecuencias de su esfuerzo llegaron más allá pues tales ideas llegaron a otros países europeos donde también fue instaurado el Día del Árbol. Así sucedió en Italia, en Irlanda (1904) o en Noruega (1910). Quienes han estudiado la trayectoria profesional de este ingeniero de montes señalan que su punto de referencia hay que situarlo nada menos que en Estados Unidos. Allí, Herlin Morton, Gobernador del Estado de Nebraska, fue quien instauró en ese país la celebración del Arbor Day por primera vez un 10 de abril de 1872. Parece ser que Puig y Valls tuvo conocimiento de esta circunstancia a raíz de la visita que el mismo realizó a tierras americanas. Este viaje lo realizó en calidad de Comisario de la delegación que representó a España en la Exposición Universal de Chicago de 1893. (1)

Anagrama de la Asociación de los Amigos de la Fiesta del 
Árbol de Barcelona. Foto: Archivo Cartagra


      Con aquella información, nuestro hombre no dudó en comenzar su campaña nada más regresar a España. Así fue como con fecha 21 de septiembre de 1898, el periódico La Vanguardia publicó un artículo suyo titulado "La Patria y el Árbol. Síntesis de un proyecto y de su inmediata ejecución". De ese mismo artículo se hicieron eco también otras publicaciones de la época y entre todas consiguieron la máxima divulgación de tan novedoso planteamiento para ese momento. A lo largo de su contenido dejó bien clara la necesidad de favorecer el desarrollo de la vegetación forestal "...mirado bajo el punto de vista de la protección a la agricultura, el aprovechamiento racional de las aguas, de la conservación del suelo nacional, y del fomento de la riqueza española". El modo de conseguir llevar a la práctica ese objetivo pasaba por "inspirar a las generaciones del porvenir el amor al árbol". Evidentemente, resultaba necesario diseñar una forma o modo de llevar a la práctica esa clase de enseñanzas. Para dar una solución a esa cuestión propuso en este mismo artículo la creación de un premio que galardonara la mejor cartilla forestal. Al mismo tiempo, animó a los maestros para que anualmente organizaran y celebraran esta fiesta. Según Puig y Valls, aquella Cartilla Forestal debería de tener una orientación eminentemente pedagógica para que de esa manera quedara incluida dentro de la actividades educativas de las escuelas del momento (2). Aquél convencimiento respecto a la necesidad de fomentar las enseñanzas forestales le llevó incluso a presentar una propuesta en el Congreso Internacional de Selvicultura, celebrado en París a principios de junio de 1900. La misma fue aprobada por unanimidad entre los allí presentes y recogió entre otras ideas la siguiente: "Se introducirá la enseñanza de la selvicultura en las escuelas normales y en las primarias de todos los países". Aquella propuesta rápidamente la hicieron suya otras asociaciones europeas y entre todas ellas crearon la Sociedad de los Amigos de los Árboles. Al poco tiempo esta sociedad ya contaba con sedes en Nancy, Clermont-Ferrand o Moutiers, así como cientos de sociedades escolares por toda Francia (3). 

            Se ha podido constatar que la primera Fiesta del Árbol celebrada en nuestro país fue en 1898, el mismo año en el que se creó en Barcelona la asociación de amigos de esta fiesta pionera. tuvo lugar un 30 de abril en el Parc de la Ciutat de Barcelona, en la Sección Marítima de este parque y al costado del Museo zootécnico. A la misma acudieron nada menos que unos mil quinientos niños y niñas entre los que plantaron unos cuatrocientos pinos. Tras la plantación pronunciaron sendos discursos tanto el Alclade de Barcelona como el propio Puig y Valls (3).
Grupo de niños y adultos durante la celebración de la Fiesta del Árbol en la Puebla de Lillet (Barcelona) en 1904.
Foto: Archivo Cartagra
            Se ha conseguido localizar otra reseña de una Fiesta del Árbol promovida por nuestro hombre. Esta tuvo lugar en un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona, La Pobla de Lillet, en 1904. Durante ese día se juntaron a todos los niños de la escuela, así como a distintos adultos, y en la partida conocida como Clot del Carnicé, fueron plantados por los niños hasta sesenta árboles. Tras la plantación, la organización ofreció a los niños una abundante merienda compuesta de pan, longaniza y hasta vino para los adultos. La banda de música de ese pueblo acompañó en todo momento aquella jornada "tocando escogidas piezas". Al regresar de la partida donde se realizó la plantación, y estando frente a la casa consistorial, el cura-párroco y el alcalde repartieron confites y pasteles "...dándose vivas al instaurador de la Fiesta del Árbol, D. Rafael Puig y Valls".


Portada de una de las publicaciones que 
se hicieron eco de esta fiesta.
Foto: Archivo Cartagra

            Pero aún hubo más actos ese día pues tras lo anteriormente expuesto, todos los asistentes ocuparon el salón de la casa consistorial donde prosiguieron varios discursos más así como sendos brindis. Allí se puso de manifiesto que, además de los árboles plantados durante esa jornada por los niños, durante el resto de año en esa población se habían plantado muchos árboles más: 420 árboles auspiciados por la viuda de Juan Artigas; 200 por los hijos de P. Puyol; 150 por Ángel Tarré; 100 por Ventura Costa; otros 100 más distribuidos por el propio ayuntamiento; 75 árboles por Tomás Casals y 60 más por Cándido Vilella. En total durante ese año de 1904 llegaron a plantar 1.165 árboles entre niños y adultos.
 

              Tan pronto se creó la Sociedad de los Amigos de la Fiesta del Árbol, Puig y Valls tuvo muy claro que la misma debía de contar con una herramienta divulgadora propia. Así fue como nació la publicación Crónica de la Fiesta del Árbol en cuyo escaso centenar de páginas se recogían todas las reseñas posibles de cuantas fiestas se organizaban anualmente. El primer ejemplar se publicó a raíz de las fiestas organizadas en 1898. Según su promotor, el objetivo que se perseguía con esa publicación era "...educar a los niños y los adultos, en el amor, defensa,  conservación y fomento del patrimonio forestal". Su publicación se financió con las cuotas de los socios miembros, con donativos y con suscripciones. El propio político aragonés Joaquín Costa fue también miembro activo de esta sociedad (3). Su consulta nos permite comprender la importancia que durante aquellos años se llegó a dar a esta fiesta, así como la implicación de diferentes autoridades en su organización o la amplia participación de la población local.





Fuentes y Bibliografía:


(1): La Guardería Forestal en España; Carlos Tarazona; Editorial Lumwerg; Madrid, 2002.

(2): Los ingenieros de montes en la España contemporánea 1848-1936; Vicente Casals Costa; Ediciones del Seral; Barcelona, 1996.

(3): Rafael Puig y Valls, 1845-1920, Precursor de l'educació ambiental i dels espais naturals protegits; Generalitar de Catalunya y Martí Boada, Barcelona, 1995.